Sábado , Noviembre 18 2017
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Golpe de efecto: Nadie gruñe como Clint Eastwood

Clint Eastwood vuelve a ponerse ante las cámaras para darle fuste y enjundia a Golpe de efecto, la opera prima de su socio y amigo Robert Lorenz.Un drama familiar con el béisbol como telón de fondo que cuenta también con Amy Adams y Justin Timberlake como protagonistas.

   Todo por amistad. Desde 1993, cuando se puso a las órdenes de Wolfgang Petersen para rodar En la línea de fuego, Eastwood no actuaba para otro director que no fuera él mismo. En 2008 afirmó que Gran Torino sería su último trabajo como actor. Pero la llamada de Robert Lorenz, su mano derecha en los rodajes y su socio y compañero en la productora Malpaso desde hace casi dos décadas, pudo más que sus promesas.

Porque el viejo Clint tiene licencia para hacer del ‘dónde dije digo, digo Diego’ una muestra de lealtad y, de paso, un regalo al respetable. Él es Gus Lobel, un viejo cazatalentos que durante décadas ha descubierto a algunas de las grandes estrellas del béisbol. Solitario, obstinado y gruñón como sólo podría serlo el propio Eastwood en la vida real, Gus se niega a aceptar que se está quedando ciego y por tanto inservible. Es un ojeador incapaz de ojear.

Pete Klein, su amigo y jefe de los ojeadores de los Atlanta Braves al que da vida John Goodman, le encarga una última misión: seguir a un joven bateador de instituto que puede ser número uno del draft. Consciente de los problemillas de visión que acucian a su viejo amigo, Pete decide alertar a su hija Mickey (Amy Adams).

A pesar de que padre e hija no se llevan especialmente bien, Mickey decide aparcar por unos días sus absorbentes obligaciones en el despacho de abogados en el que trabaja a destajo para acompañar a su padre en el puede ser su último viaje.

Y mientras la disfuncional familia Lobel ve partidos de béisbol y se tira los trastos a la cabeza, por allí aparece Johnny, juguete roto que descubrió en su día el propio Gus, metido ahora a ojeador. Un tipo simpático que intenta labrarse una carrera en este deporte fuera del campo y que, cómo era de esperar, no tardará en fijarse en los encantos de Mickey.

Con estos elementos ya tenemos servido este drama sobre las relaciones parternofiliales de aspiraciones costumbristas que tiene en el amor al béisbol y al eterno carisma de su protagonista sus pilares fundamentales. De lo primero servidor se reconoce un zote absoluto. Ahora bien, de lo segundo… un adicto incorregible.

Y es que volver a disfrutar en la gran pantalla de un mito andante del Séptimo Arte como es el Clint Eastwood es un lujo que compensa todas las carencias de las que adolece Golpe de efecto.

DE TÓPICO EN TÓPICO DE LA MANO DE CLINT

Puede que la mayor de ellas sea la fijación del guión que firma Randy Brown de deambular de tópico en tópico sin el más mínimo rubor ni propósito de enmienda. Así, y a medida que avanzan sus casi dos horas de metraje, el prometedor debut de Lorenz acaba deviniendo en una total ‘americanada’ con un desenlace demasiado amable y forzado que da al público más complaciente todo lo que puede esperar de un final ‘Made in Hollywood’.

Eso sí, la ‘americanada’ en cuestión está filmada de forma más que aceptable. Lo convencional y cotidiano es el refugio ideal para que disfrutemos en todo su esplendor del ajado Gus, un abuelo cascarrabias que pide pizza para desayunar y parece tener más apego a su puro y su vieja gorra que a su propia hija.

Los lugares comunes por los que transita la cinta de Lorenz son un escenario propicio para el lucimiento de un personaje concebido una vez más -como ya hizo el propio Eastwood en algunas de sus ultimas películas: Million Dollar Baby y, sobre todo, Gran Torino– por y para este viejo Clint.

El incombustible carisma del protagonista está flanqueado de forma muy correcta por la siempre eficaz, y en ocasiones brillante, Amy Adams y por un Justin Timberlake que cada vez tiene más hechuras ante la cámara. Los dos están muy bien, al igual que los secundarios John Goodman, Matthew Lillard y Robert Patrick, pero cuando Gus no está en plano… falta algo.

Una sensación de vacío y orfandad se apodera de la previsible narración mientras el deseo de que el viejo Clint aparezca gruñendo por cualquier esquina de la pantalla y obsequie al jovencito Timberlake con una buena colleja por flirtear con su hija va in crescendo. Es inevitable.

Resumiendo, Golpe de efecto no es una película de Clint Eastwood, pero sí es una película con Clint Eastwood. Y eso, según está el patio, ya es mucho.

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